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    Pepe Ruiz
    Superadministrador

    Philippe Claudel ya se ha incorporado por méritos en mi particular Olimpo de escritores a seguir sin discusión.
    Con “La nieta del señor Lhin” me pareció brillante.
    Con la oportunidad que me has proporcionado, admirada Maite, con la lectura de este nuevo libro, me ha confirmado la excelencia de su idea literaria, su estilo, su escritura, sus finales, su compromiso e incluso su humor que no se encontré en “La nieta…”
    Hablar de todo y de todos jugando siempre en el color gris sin caer en un definitivo maniqueísmo, un juicio de valores o en la más pura cursilería me parece dificilísimo.
    Y él lo consigue.
    Los juicios abiertos que propone no son gratuitos y nos deja una paradoja final que contiene una carga explosiva que personalmente he tardado un rato en asimilar.
    ¿Matar a tu propio hijo sin remordimientos es posible sin tener la impresión de estar delante de un ser absolutamente detestable?
    Hay multitud de personajes que lejos de liar la lectura o ensombrecer el relato lo enriquecen constantemente y complementan como un buen puzle.
    No es una novela negra en estricto senso, no hay resolución definitiva de los diferentes hechos, pero el autor quiere que tengas esa sensación para lograr su objetivo.
    Sin olvidar la guerra como un personaje más de la novela con comentarios certeros como puñales y que en nuestras circunstancias actuales se clavan sin concesiones en nuestras vísceras.
    “Por orgullo y por estupidez, todo un país estaba dispuesto a arrojarse al cuello de otro. Los padres azuzaban a los hijos. Los hijos azuzaban a los padres. Sólo las mujeres, madres, esposas o hijas presenciaban aquello con el pálpito de la desgracia en el corazón y una lucidez que les hacía ver más allá de aquellas tardes de gritos de júbilo, rondas para todos y canciones patrióticas que…”
    Hay un momento en la descripción de los hechos de la guerra que es emocionante.
    Cuando habla de Madame de Flers…” La guerra destroza, mutila, mancha, envilece, despanzurra. Desmiembra, aplasta despedaza y mata, pero a veces también pone en hora algunos relojes”.
    Su dominio del adjetivo me ha impresionado y en sus toques de humor me declaro súbdito sin concesiones.
    “Haz con ella lo que te apetezca (le han regalado una escopeta). Eran unas palabras curiosas…¿Qué podía hacer con una carabina? ¿Cultivar patatas, tocar música, ir al baile, remendarse los calcetines? Las carabinas son para matar, punto…”
    “Un rostro enfermizo, en una cabeza que parecía un nabo espachurrado…el nabo tosía cada treinta segundos…”
    “…mirándolo como si tuviera un guisante en lugar de cerebro…”
    “Parecía un cochinillo al que le hubiera aplastado los cojones entre dos ladrillos”
    “Pero el monte nos permitía evitarla (la guerra), a pesar de los ruidos que lanzaba, como pedos de enfermo”
    Sólo con esta frase se gana todo mi respeto como bien entenderéis.
    Siento haber sido tan extenso, pero cuando leo “Pero nada es simple. Los únicos que no se equivocan nunca son los santos y los ángeles…habría que encuadrarlo sin vacilar en la categoría de los cabrones, la más numerosa del mundo…junto a los hipócritas.” No puedo quedar indiferente.
    Cómo el mismo autor escribe, “Hay palabras que te dan un escalofrío y te cortan la respiración…cuando se vive entre flores, no se piensa en las espinas.”
    “Por hermosa que sea la comedia, el último acto siempre es sangriento. Al final, se echa tierra sobre la cabeza, y ahí se acaba todo.”
    Excelente y muchísimas gracias Maite.

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