Home Page Foros Literatura EL LECTOR DEL TREN DE LES 6.27 H El lector del tren de las 6.27

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    Pere Ramirez
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    Lluís y amigos del Club de lectura, creo que hay que reconocer que, el tristemente desaparecido Didierlaurent, logró con El lector del tren de las 6,27 crear una historia atípica y por momentos muy divertida, agradable de leer, que atrapa desde su inicio por su imaginación y un lenguaje en todo momento cargado de ironía.
    Mis objeciones las expondré más adelante.

    El relato tiene una primera parte casi kafkiana, casi distópica, que gira alrededor de “La Cosa”, la abominable máquina que tritura libros, de cuyas entrañas Guibrando rescata unas pocas páginas inconexas que luego leerá en voz alta para deleite de los pasajeros habituales del tren de las 6,27.

    Ese planteamiento de partida es realmente atractivo. Recuerda a Fahrenheit 451. Pero Didierlaurent deja a un lado la crítica subversiva para centrarse en Guibraldo Viñol, un protagonista marcado por su extraño nombre y atrapado en una existencia anodina, refugiado en las pequeñas cosas y los gestos rutinarios del día a día, que sin embargo a su manera es un disidente del sistema que no sabe que lo es, un superviviente.

    Sus compañeros y amigos son un grupo de curiosos personajes, que en medio de una aparente trivialidad, descubren su lado más pintoresco y disparatado: un vigilante de seguridad que habla en alejandrinos, un mutilado que busca sus piernas… y Julie una princesa cuyo palacio es un aseo público.
    Es una mezcla insólita de humor negro y dulzura con los que celebrar, en cierto modo, el triunfo de los incomprendidos, de los hoy llamados “frikis”.

    A mí me han resultado especialmente atractivas las escenas que comparte con su compañero de piso: Rouget de Lisle, el pez rojo al que cuenta cada día sus cuitas y las más hilarantes, las que se desarrollan en las sesiones de lectura en Las Glicinas, de la mano de las hermanas Delacôte y la corte de sus compañeros de residencia.

    Mención aparte merecen los “tialogismos”, que el autor atribuye a la tía de la protagonista. Bordean lo escatológico, pero también nos hacen caer en la cuenta de que las necesidades de nuestro aparato digestivo nos igualan a todos y que todavía nos divierte, como al niño que llevamos dentro, todo eso que puede suceder en un retrete…o fuera de el. ¿Verdad Pepe?

    En mi opinión las posibilidades del planteamiento inicial en cierta manera se diluyen.
    Quizá esperaba encontrar la lectura de grandes textos o un mayor calado psicológico y filosófico en los personajes y la historia, pero probablemente esas no fueran las pretensiones de su autor.
    Modestamente creo que Didierlaurent se queda a medio camino entre una novela brillante y un relato sin pretensiones pero bien contado y bastante divertido.
    El lector del tren de las 6.27 es un cuento moderno, una fábula y un sencillo homenaje al acto de leer y a la expresión escrita. Una demostración de que ambos son capaces de cosernos unas alas a la espalda para volar sobre nuestras vidas rutinarias…como indudablemente lo hace el amor.

    «Amo los libros, aunque me paso la mayor parte del tiempo destruyéndolos. Mi único bien es un pez rojo que se llama Rouget de Lisle, y como amigos tengo a un tullido que se pasa la vida buscando sus piernas y a un versificador que solo sabe hablar en alejandrinos. He de añadir, en fin, que hace poco tiempo descubrí que existía en este planeta un ser con el poder de hacer que los colores fuesen más vivos, las cosas menos serias, el invierno menos duro, lo insoportable más soportable, lo bello más bello, lo feo menos feo, en definitiva, de hacerme la existencia más hermosa. Esa persona es usted, Julie.»

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